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Categorías / Confesiones, Relatos y Fantasías

VIOLE A MI PRIMA BORRACHA DORMIDA, HERMANA DE MI PRIMO QUE ME VIOLO CUANDO ERA UN NIÑO

58 respuestas · 10,318 vistas
elpepe69 elpepe69
Curioseo Tonteo Flirteo
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Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.<br>Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.<br>Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.<br>No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».<br><br>Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.<br>Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.<br>Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.<br>Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.<br><br><br>Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.<br>Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.<br>Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.<br>Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.<br>Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.<br>Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.<br>Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.<br>Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.<br><br><br>Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.<br>Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?<br>Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí<br>Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.<br>Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.<br>En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.<br><br>¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen.

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internauter_moreofone internauter_moreofone
Curioseo Tonteo
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<em>eh leido mierdas peores . y aun asi esta jodida mierda me dejó en shock . me arrepiento de tantas cosas . pero la verdad no quiero insultar al creador de este texto . deseo que sea mentira. porque si asi lo es entonces es una obra de mucha creatividad. un gusto y prefiero ir a follarme un femboy permiso</em>
cigarrito cigarrito
Curioseo Tonteo Flirteo Travesura Tentación LEYENDA
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<blockquote><strong>Winter🌀, post: 1951840, member: 347827</strong><br><br>Yo de pequeñito<br></blockquote><br>Igual yo hermano, siento que hayas tenido que pasar por eso
bebitauwwu bebitauwwu
Curioseo Tonteo Flirteo
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lenqinФ, post: 1951833, member: 370725

Algunos de ustedes han sufrido abuso?

yo de chiquita
enskslsoso enskslsoso
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<blockquote><strong>elpepe69, post: 1951824, member: 15863</strong><br><br>Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.<br>Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.<br>Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.<br>No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».<br><br>Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.<br>Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.<br>Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.<br>Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.<br><br><br>Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.<br>Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.<br>Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.<br>Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.<br>Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.<br>Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.<br>Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.<br>Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.<br><br><br>Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.<br>Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?<br>Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí<br>Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.<br>Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.<br>En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.<br><br>¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen<br></blockquote><br><br><blockquote><strong>elpepe69, post: 1951824, member: 15863</strong><br><br>Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.<br>Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.<br>Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.<br>No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».<br><br>Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.<br>Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.<br>Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.<br>Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.<br><br><br>Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.<br>Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.<br>Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.<br>Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.<br>Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.<br>Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.<br>Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.<br>Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.<br><br><br>Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.<br>Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?<br>Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí<br>Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.<br>Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.<br>En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.<br><br>¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen.<br></blockquote><br>Amigo, me lo leí todo xd Buena historia 👌
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Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.
Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.
Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.
No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».

Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.
Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.
Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.
Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.

Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.
Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.
Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.
Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.
Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.
Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.
Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.
Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.

Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.
Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?
Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí
Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.
Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.
En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.

¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen.

se me volvio a poner dura con esta historia,de hecho creo que me gusto mas que la historia con tu ma 10 de 10 y que se repita
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Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.
Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.
Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.
No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».

Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.
Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.
Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.
Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.

Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.
Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.
Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.
Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.
Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.
Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.
Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.
Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.

Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.
Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?
Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí
Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.
Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.
En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.

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<blockquote><strong>elpepe69, post: 1951824, member: 15863</strong><br><br>Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.<br>Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.<br>Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.<br>No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».<br><br>Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.<br>Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.<br>Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.<br>Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.<br><br><br>Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.<br>Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.<br>Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.<br>Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.<br>Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.<br>Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.<br>Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.<br>Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.<br><br><br>Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.<br>Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?<br>Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí<br>Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.<br>Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.<br>En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.<br><br>¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen.<br></blockquote><br>Increíble, me gustó la parte donde dice; era su ano. Lo oli olía a excremento a mierda 😂🤣🤣🤣🤣
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🤣🤣🤣🤣 Que buen relato hermano. Increíble. Comedia, incesto, tensión y pensamiento. Épico.
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Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.
Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.
Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.
No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».

Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.
Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.
Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.
Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.

Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.
Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.
Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.
Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.
Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.
Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.
Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.
Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.

Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.
Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?
Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí
Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.
Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.
En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.

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Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.
Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.
Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.
No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».

Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.
Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.
Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.
Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.

Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.
Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.
Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.
Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.
Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.
Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.
Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.
Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.

Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.
Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?
Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí
Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.
Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.
En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.

¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen.

Maca grano
haruru haruru
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Sangre101
Si te violo ¿Por qué le afectaría ser violada? O siquiera verlo como una violación ¿Y porque tú la violarías? Tengo entendido que las víctimas de abuso sienten asco por su agresor y le gustaría que vivan lo mismo que ellos, pero no creo que les gustaria volver a hacerlo con la persona que los abuso 🤔
Slender1044 Slender1044
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<blockquote><strong>𝐁𝐋𝐀𝐂𝐊 𝐁𝐀𝐒𝐓𝐀𝐑𝐃𝐗🔪, post: 1951825, member: 168665</strong><br><br>No voy a leer todo eso.<br></blockquote><br>Ando tan aburrido que lo leí
lulcifer lulcifer
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joder pues muy detallado pero muy mmm ridículo como hiciste todo eso sin repercusión alguna y dandose todo de casualidades favorables
nikotinaa_31 nikotinaa_31
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joder que largo
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Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.
Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.
Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.
No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».

Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.
Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.
Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.
Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.

Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.
Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.
Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.
Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.
Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.
Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.
Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.
Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.

Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.
Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?
Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí
Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.
Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.
En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.

¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen.

No voy a leer eso pero según el puto titulo de cagada eres un enfermo de mierda maricon virgen de cagada ojalá te violen a ti a ver si te gusta y dejas de hacer tantas marranadas puto asqueroso
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Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.
Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.
Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.
No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».

Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.
Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.
Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.
Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.

Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.
Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.
Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.
Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.
Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.
Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.
Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.
Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.

Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.
Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?
Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí
Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.
Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.
En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.

¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen.
vlwn vlwn
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<blockquote><strong>elpepe69, post: 1951824, member: 15863</strong><br><br>Ella fue mi segunda víctima de mis perversiones. En estado pequeño, la primera fue mi madre (tengo historias de esa mierda en mi perfil). Ella es la primera mujer fuera de mi madre que exploré todo su trasero de una manera tan extravagante. Fue una experiencia muy dulce.<br>Ella y yo empezamos a llevarnos bien cuando su hermano empezó a abusar de mí. La manera que tenía para abusarme era primero jugar, los tres. Era divertido hasta que él me subía arriba de su litera y me pasaba su pene por mi trasero con mi propio pene, y acariciaba mi cara con sus labios. Lo recuerdo muy vago, pero las escenas con mi prima eran de lo mejor.<br>Ella es mayor que yo, así que cuando yo era un niño ella ya estaba en adolescencia. Su cuerpo ya estaba formado como toda una mujer. De niño me encantaban sus tetas. El primer acercamiento que tuve con ella fue una vez conversando. Por alguna razón, ella me contaba toda su vida siempre que me veía. Yo casi no respondía nada, solo le miraba las tetas, hasta que empezamos a jugar y a rozarles con mis manos su busto.<br>No sé si ella sufrió algún abuso de parte de su hermano, pero siempre me decía cosas explícitas: que se masturbaba y así. No sé cómo yo le sacaba esas pláticas, pero recuerdo que ella se sentía muy cómoda contándome su exploración sexual. Me decía que no se explicaba cómo podía entenderla siendo yo tan pequeño. Le decía cosas como: «Eso es normal, solo tienes que tener en cuenta cuánto tiempo y cosas así».<br><br>Pasó algún tiempo y llegó su cumpleaños de 16. Ese día sus padres hicieron una fiesta gigante porque a ella no le festejaron los 15 por problemas fuertes que pasaron. Se alquiló una alberca y todo un recinto para bailar y cosas así. Yo pasé toda la noche con ella. Era divertido, me sentía un adolescente con ella, jaja, siendo yo todavía un niño.<br>Ella se emborrachó súper rápido con sus amigos. Yo nomás veía que ellos se divertían. No me quería separar de ella, como un depredador esperando el momento en que se descuidara, que se durmiera o algo así. Y ese momento llegó.<br>Ella subió para las habitaciones con unas amigas. Yo fui detrás de ella, pero de lejos, haciendo que estaba yendo al baño, pero solo quería ver a dónde iba. Al cabo de un tiempo veo salir a sus amigas. La fiesta seguía. Para eso salí y le dije a mis padres que me iba a dormir. Subí a mi habitación compartida, donde había primos y demás familiares varones de mi edad. Hasta que apagaron las luces para que nos durmiéramos mientras ellos seguían en la fiesta. Ya quedaron solo los adultos afuera.<br>Yo me esperé a no escuchar a nadie. En eso me levanté y me dirigí a la habitación donde supuse que mi prima estaría dormida. Me fui despacio. Antes de abrir la puerta de su habitación, me aseguré por un conducto de aire que daba a su habitación (en la parte de arriba) que no había nadie. Traje una silla, subí y observé la habitación oscura. Pensé que no había nadie, pero poco a poco mis ojos se adaptaron a esa oscuridad y la vi: abrigada, envuelta en sábana, durmiendo.<br><br><br>Inmediatamente dejé la silla donde la agarré y abrí esa puerta para ingresar, pero estaba cerrada solo por dentro. No sé cómo lo imaginé, pero recuerdo pasar media hora buscando y metiendo una tarjeta del metro que encontré en unas chucherías que estaba jugando horas antes con mis demás primos. No sé cómo esa puerta se abrió con eso, mi lógica funcionó. Entré y cerré la puerta. Me acosté en la cama primero como si estuviera cansado y encontré esa habitación por casualidad y solo quería dormir. Quería saber si estaba consciente. Vi que no hubo respuesta, así que me acosté.<br>Luego, lentamente puse mi mano en su cabello, dándome especial concentración en sus gestos: si se movía o reaccionaba a mis toques. Nada. Recuerdo el olor de su perfume mezclado con quién sabe cuánta cerveza y cócteles habría ingerido ese día. Podía sentir y revivir esa sensación tan extraña de adrenalina: por el miedo a que se despertara o algo así, el hecho de saber que lo que hacía estaba mal, pero las fuerzas de mi curiosidad por ver su cuerpo desnudo y explorar su piel me ganaron. Esa excitación tan anormal, tan seductora.<br>Empecé a tocar su cara, poniendo mis manos sudadas de nervios en su cara, sentir su respiración. Darme cuenta de que no reaccionaba me hacía subir esa presión y esa excitación más. Hasta que cogí valor para levantar la sábana donde estaba envuelta. No olvidaré esa imagen tan desagradable pero para mí tan excitante que observé: su vestido a medio sacar, apenas cubierta por su ropa interior, su brasier todo desarreglado y su olor a perfume que se alzaba, era un aroma seductor.<br>Quería oler de dónde salía ese olor y empecé mi exploración como un acto impulsivo y con una precisión para recorrer cada detalle de piel. Empecé por desvestirla bien. Mis manos recorrían su pecho hasta que metía toda mi mano en el sostén, acariciando sus senos firmes hasta tomarme con su pezón redondito. Procedí a sacar del sostén el seno. Aunque estaba oscura la habitación, mis ojos se adaptaron y con poca luz que pasaba del respiradero reflejaba en su pecho blanco y ese pezón perfectamente rosado. De inmediato lamí, froté mi lengua, dejándome llevar por esa circunferencia. Saqué el otro seno y procedí también a hacer lo mismo con ese otro seno.<br>Mientras, con mis manos quería desprender unas pantaletas que parecían pegadas a su piel. Hasta que las bajé. Dejé los pezones y sentí el olor de su piel. No era el perfume que usaba, era su sudor. Creo que podía olerlo. Bajé para ver su escondite esas pantaletas y vi algo que para ese entonces era nuevo para mí: una vagina perfectamente rasurada, sin vellos, limpia. Ella no era mamá, era una experiencia nueva. Su cuerpo era más firme, más caliente al tacto.<br>Con mis dedos probé a abrir su vulva: un tono rosado contrastaba con lo blanca que estaba. Era extraño tocarla porque parecía que estaba sudada pero hacía frío; su cuerpo se volvió frío para mis manos. Entonces decidí explorar su vagina. Estaba seca, pero inmediatamente se humedeció. Pensé que se orinó, así que me asusté, pensé que se despertó, pero no. Seguí explorando y empecé a explorar sus contornos entrepierna y bajar debajo de su vagina había un agujero que desentonaba con el rosado de dentro de su vagina y la piel que a cada minuto parecía más blanca. Observé los pliegues de piel que se forman en esa zona: era su ano.<br>Lo decidí explorar. Le levanté las piernas para verlo más de cerca y lo olí. Olía a excremento, mierda, como toda la situación aberrante en la que estaba, pero no me desagradó. Al contrario, mi miembro se puso demasiado duro, y más aún cuando decidí meterle mi dedo y sentir que era un espacio apretado, húmedo. Lo decidí lamer: era repugnante, pero no me detenía. Introduje mi lengua; sabía a una mezcla de sal y de un sabor fuerte, pero no me desagradaba.<br>Hasta que no pude aguantar más y mi miembro totalmente erecto como nunca lo había sentido, lo metí. Fue lento, salían aún algunas burbujas de la saliva que dejé. Poco a poco parecía adaptarse a la forma de mi miembro su ano. Apenas sentí que entró, me moví para sacarlo y meterlo de nuevo. Fue un descontrol. Mientras afuera estaba la música alta y las risas, yo estaba encerrado con mi prima en mi propia habitación aberrante, caldo de la perversión. Ella inconsciente, dormida, sin saber que estaba siendo violada en un día que se suponía solo era de diversión. Su cuerpo sin control, una marioneta que yo movía a mi antojo al ritmo de mis movimientos. Sus senos: uno se entró a su sostén, el otro aún afuera. Yo observaba cómo su piel suave y tersa alineaba su cuerpo. Era mi diversión.<br><br><br>Eyaculé dentro de ella. Fue tanto que al sacar mi miembro empezó a rodar mi semen queriendo acoplarse al blancor de la piel de ella. Después de eso recuerdo sentirme en un estado de felicidad máxima. Todo era maravilloso por segundos hasta que aterricé, ya descargado, sin leche en los huevos. La culpa golpeó. Vi la escena, vi a mi prima, era alguien que estimo mucho, ahora víctima de mis impulsos. Joder.<br>Fui al baño, me limpié y luego con papel higiénico a ella. La empecé a vestir, a arreglar, quitando cualquier evidencia según yo. La vestí y traté de dejar las prendas principales más o menos como las encontré. Le puse las sábanas y me quedé a su lado viéndola, reflexionando cómo pude hacer algo tan… exquisito pero a la vez tan maldito con ella. Es mi prima, me repetí. Por Dios, ¿qué me pasa?<br>Antes de que pudiera pensar más en mi culpa, me bajé los pantalones y de nuevo empecé a masturbarme mientras tocaba su cuerpo. Hice eso toda la noche: excitación, culpa, arrepentimiento. Para no pensar, repetí como 3 veces. Estaba tan absorto en esa habitación que ya no solo olía a perfume y alcohol, sino que se mezclaba con ese olor a semen y orina. Era extraño. Estaba al lado de ella viendo. La había arreglado por tercera vez cuando escuché a alguien en el pasillo. Se escuchaban pasos entrecortados y una llave. No sabía qué hacer, el corazón a mil. ¿Cómo iba a justificar mi presencia aquí<br>Por inercia me metí debajo de la cama. Siento que abrieron y veo una silueta. Con la entrada de luz que daba la puerta, escucho que la cierra. Pensando que iban a encender la luz, solo escuché que alguien se tiró a la cama como si hubiera llegado con lo justo. Dejé que pasaran unos minutos y salí. Mis ojos acoplados a la oscuridad de esa habitación lograron ver: era mi tía, madre de mi prima. Estaba con el pantalón semi desabotonado, se observaba su calzón y algo de vello púbico sobresaliendo.<br>Mi instinto era el mismo: explorar su cuerpo. Pero al acercarme para ver si estaba dormida, veo que se mueve y dirige la palabra: «Eh, ¿qué pasó? ¿Quién eres…?». Luego de unos segundos me reconoció… «¿Qué pasó?», dijo mi nombre, pero entre que lo decía y se le apagaba la voz por lo borracha que estaba. Yo, asustado, solo le dije: «Busco a mi mami, no sé dónde está». Ella me dijo: «Ahh, está afuera», y se volvía a acostar como si nada.<br>En ese momento salí de la habitación. Para eso ya había amanecido. Salí afuera y vi que no quedaba casi nadie: por ahí un par de borrachos dormidos en las sillas y un grupo pequeño que ya ni hablaba. Subí todos los pisos de ese recinto y fui a la terraza. También estaba hecha un desastre con botellas de alcohol. Veo entonces una caja de cigarrillos, parecía vacía pero la agarré y veo que hay 2. Cogí uno. Yo tenía un encendedor en mi bolsillo ya que era las fechas eras cerca de navidad y lo tenia para reventar cohetes (fue mi primer tabaco). Sabía a asco, pero con el susto, a pesar de que el humo apretaba mis pulmones, relajó mi tensión… reflexionando sobre las cosas. Pero mi mente puerca pensaba en mi tía, quería hacer lo mismo y lo hice, pero esa es otra historia.<br><br>¿Quieres que te cuente más historias de mierda de mi vida y la razón por la que no tengo salvación? Me dicen.<br></blockquote><br>Nunca pense que leeria eso, vaya historia, parece IA pero aja X D
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