La historia de Hang Mioku comienza en Corea del Sur como la de una joven con sueños grandes. No solo quería verse bien: quería ser cantante, ser reconocida, popular, destacar entre los demás. En una sociedad donde la apariencia tiene tanto peso, ella empezó a creer que su imagen sería la clave para lograrlo.
En su juventud era considerada atractiva. Pero poco a poco empezó a pensar que no era suficiente. Quería mejorar, perfeccionarse, acercarse a esa idea de belleza ideal que, según ella, la ayudaría a cumplir sus sueños.
Al inicio acudía a clínicas reales, con cirujanos profesionales. No todos eran de prestigio internacional, pero sí eran médicos legítimos. Con el tiempo, su rostro cambió tanto que varios especialistas empezaron a negarse a operarla. Le decían que no lo necesitaba, que era peligroso continuar.
Al inicio acudía a clínicas reales, con cirujanos profesionales. No todos eran de prestigio internacional, pero sí eran médicos legítimos. Con el tiempo, su rostro cambió tanto que varios especialistas empezaron a negarse a operarla. Le decían que no lo necesitaba, que era peligroso continuar.
Sin médicos que aceptaran operarla, empezó a inyectarse sustancias por su cuenta. Primero silicona, y después, en su desesperación, llegó a usar productos totalmente inadecuados como aceite de cocina e incluso materiales industriales (se habla de sustancias muy peligrosas, similares a aceites o mezclas no médicas). Pensaba que así seguiría mejorando, pero en realidad estaba destruyendo su rostro.
El resultado fue devastador. Su cara se volvió irreconocible, hinchada y deformada.
El resultado fue devastador. Su cara se volvió irreconocible, hinchada y deformada.
Con el tiempo recibió ayuda médica. Los cirujanos tuvieron que realizarle múltiples operaciones reconstructivas (varias intervenciones a lo largo del tiempo) para retirar parte de las sustancias que se había inyectado. En algunos procedimientos llegaron a extraer grandes cantidades de material extraño acumulado bajo la piel. Sin embargo, el daño era tan grave que no se pudo recuperar completamente su rostro original.
De alguna forma, logró lo que quería: ser reconocida. Pero no de la manera que había soñado.
Después de todo, cuando habla de su vida, deja algo muy claro: su único sueño ya no era la fama ni el éxito. Su único sueño es recuperar su antigua apariencia, volver a ser la persona que era antes de todo.
Después de todo, cuando habla de su vida, deja algo muy claro: su único sueño ya no era la fama ni el éxito. Su único sueño es recuperar su antigua apariencia, volver a ser la persona que era antes de todo.