¿Acaso en las sombras del alma yace tanto vacío que se debe llenar con el veneno vertido sobre heridas ajenas? Me pregunto qué laberintos de desesperación recorren quienes se detienen ante el sufrimiento ajeno solo para arrojar piedras desde su propia miseria.
¿Qué satisfacción efímera encuentran en empujar a quienes ya se precipitan por el abismo? ¿Acaso creen que al hundir a otros, sus propios pies dejarán de hundirse en el fango de su existencia? Hay en ese gesto una desolación tan profunda que casi suscita lástima, casi...
Contemplo esas almas perdidas que, desde la oscuridad de su propio fracaso, urden palabras de ácido para quien ya sangra. Qué ironía tan trágica: en su afán por señalar la debilidad del prójimo, solo revelan la fragilidad de su propio ser, el eco de sus propias cadenas.
Y así continúan, errantes en su propio infierno, tejiendo telarañas de amargura mientras su espíritu se desvanece, sin darse cuenta de que cada puñal clavado en el corazón ajeno es, en realidad, un fragmento más de su propia alma que se desmorona en silencio.
¿Qué satisfacción efímera encuentran en empujar a quienes ya se precipitan por el abismo? ¿Acaso creen que al hundir a otros, sus propios pies dejarán de hundirse en el fango de su existencia? Hay en ese gesto una desolación tan profunda que casi suscita lástima, casi...
Contemplo esas almas perdidas que, desde la oscuridad de su propio fracaso, urden palabras de ácido para quien ya sangra. Qué ironía tan trágica: en su afán por señalar la debilidad del prójimo, solo revelan la fragilidad de su propio ser, el eco de sus propias cadenas.
Y así continúan, errantes en su propio infierno, tejiendo telarañas de amargura mientras su espíritu se desvanece, sin darse cuenta de que cada puñal clavado en el corazón ajeno es, en realidad, un fragmento más de su propia alma que se desmorona en silencio.