Estaba con unos amigos y éramos un grupo de cinco (el gordo, mi amigo; el indio, Toto Facu y yo). Esa noche saldríamos a un boliche cerca de la ciudad, a no más de 30 minutos caminando. Como era costumbre, tomamos en una casa antes para caer ya con el alcohol haciéndonos efecto y no comprar tanta bebida ahí adentro, ya que es cara.
Luego de un rato bailando, quedé solo con el gordo, ya que Toto, el indio y Facu fueron al baño. El gordo y yo aprovechamos e intentamos hacer la nuestra, que era levantar una buena mina. El gordo logra armarnos un dos para dos a puro ojo y señas, con dos morochas (una con buen culo y otra flaquita, pero linda de cuerpo y cara). Mi amigo se quedó con la culona y yo con la flaquita.
No pasó mucho hasta que me terminé comiendo a la flaquita, y los dos quisimos continuar afuera. En eso, Toto y los otros dos volvían del baño y se quedaban con el gordo. Mientras me comía la boca de la flaquita, me interrumpe el indio diciéndome que me había mandado un flor de moco, ya que la flaquita que me estaba comiendo era la novia del hdp de un ex compañero al que yo se la tenía jurada (le pondremos “Topo”) y que me caía para la mierda.
Yo, con cara de pelotudo, le digo que se haga el boludo e intento apartarlo. Al poco tiempo salen mis demás amigos a cuidarme, para que no me vinieran en grupo. La mina, que se notaba nerviosa, se aparta de mí, me deja su número y se va justo antes de que el puto de Topo apareciera con ganas de hacerme cagar, junto a otros dos amigos.
El indio, que no quería pelea ni quilombo, me insiste en que nos vayamos, y acepto junto a los demás mientras me puteaban desde atrás.
Al rato de salir del boliche, nos quedamos en una esquina de una plaza comiendo algunos alfajores para el bajón (tomamos entre cinco aquella noche un fernet, dos vodkas y una botella de vino blanco). No pasaron ni veinte minutos y lo cruzamos a Topo, que ahora solo estaba con un amigo.
Lo encaramos queriendo hacerlo cagar y el pelotudo, que estaba medio tomado, me intenta golpear. Lo separan, y al amigo (que era buen pibe) lo hacen sentarse en el piso a ver, mientras yo me iba a cagar a piñas con Topo.
Y la verdad no puedo describir lo hermoso que fue: la emoción, el placer. La primera piña la calzé justo en el hígado, lo que hizo que vomitara todo, la segunda, en toda la mandíbula, y luego seguí golpeándole la nariz hasta que cayó al piso sangrando.
Le juro, ese hdp que casi me hace suicidarme, lo dejé hecho una mierda y con la nariz rota fue glorioso.
Al día siguiente, luego de volver a mi casa tipo 7 de la mañana y dormir una siesta de doce horas, me entero de que el pelotudo de Topo, que ya no vivía en la ciudad, lo encontraron en la plaza semidesnudo (que no fuimos nosotros, eso) y lo llevaron a la comisaría por el estado en que estaba. Y el chico que iba con él nunca dijo quién lo había cagado a palos porque apenas recordaba qué había pasado.
Fin
Moraleja: Algunas flaquitas están para comerles la boca.
Luego de un rato bailando, quedé solo con el gordo, ya que Toto, el indio y Facu fueron al baño. El gordo y yo aprovechamos e intentamos hacer la nuestra, que era levantar una buena mina. El gordo logra armarnos un dos para dos a puro ojo y señas, con dos morochas (una con buen culo y otra flaquita, pero linda de cuerpo y cara). Mi amigo se quedó con la culona y yo con la flaquita.
No pasó mucho hasta que me terminé comiendo a la flaquita, y los dos quisimos continuar afuera. En eso, Toto y los otros dos volvían del baño y se quedaban con el gordo. Mientras me comía la boca de la flaquita, me interrumpe el indio diciéndome que me había mandado un flor de moco, ya que la flaquita que me estaba comiendo era la novia del hdp de un ex compañero al que yo se la tenía jurada (le pondremos “Topo”) y que me caía para la mierda.
Yo, con cara de pelotudo, le digo que se haga el boludo e intento apartarlo. Al poco tiempo salen mis demás amigos a cuidarme, para que no me vinieran en grupo. La mina, que se notaba nerviosa, se aparta de mí, me deja su número y se va justo antes de que el puto de Topo apareciera con ganas de hacerme cagar, junto a otros dos amigos.
El indio, que no quería pelea ni quilombo, me insiste en que nos vayamos, y acepto junto a los demás mientras me puteaban desde atrás.
Al rato de salir del boliche, nos quedamos en una esquina de una plaza comiendo algunos alfajores para el bajón (tomamos entre cinco aquella noche un fernet, dos vodkas y una botella de vino blanco). No pasaron ni veinte minutos y lo cruzamos a Topo, que ahora solo estaba con un amigo.
Lo encaramos queriendo hacerlo cagar y el pelotudo, que estaba medio tomado, me intenta golpear. Lo separan, y al amigo (que era buen pibe) lo hacen sentarse en el piso a ver, mientras yo me iba a cagar a piñas con Topo.
Y la verdad no puedo describir lo hermoso que fue: la emoción, el placer. La primera piña la calzé justo en el hígado, lo que hizo que vomitara todo, la segunda, en toda la mandíbula, y luego seguí golpeándole la nariz hasta que cayó al piso sangrando.
Le juro, ese hdp que casi me hace suicidarme, lo dejé hecho una mierda y con la nariz rota fue glorioso.
Al día siguiente, luego de volver a mi casa tipo 7 de la mañana y dormir una siesta de doce horas, me entero de que el pelotudo de Topo, que ya no vivía en la ciudad, lo encontraron en la plaza semidesnudo (que no fuimos nosotros, eso) y lo llevaron a la comisaría por el estado en que estaba. Y el chico que iba con él nunca dijo quién lo había cagado a palos porque apenas recordaba qué había pasado.
Fin
Moraleja: Algunas flaquitas están para comerles la boca.
Inmagen conceptual de topo