Hola, me llamo Cristofer todo esto empezó cuando tenía 16 años. La verdad es que esta es mi segunda cuenta; creé esta hoy mismo. Tenía otra antes, pero la eliminé. Ya entenderán por qué.
Últimamente me he estado sintiendo culpable por algo que pasó, y mi psicólogo me dijo que antes de guardarme todo debía intentar desahogarme un poco. No me dijo que subiera mi historia a una página de gore ni nada parecido, pero aun así quería compartir lo que me ocurrió. No me importa demasiado si me creen o no.
Todo empezó hace unos dos años. En ese tiempo el gore no me llamaba la atención; al contrario, me parecía algo asqueroso. Siempre pensaba: “¿Quién en su sano juicio ve esto? ¿Acaso les gusta la sangre o algo así?”
Un día estaba tranquilo viendo videos en mi celular, principalmente memes y creadores de contenido jugando videojuegos. Entonces me apareció un video que se llamaba “No te duermas morena”. Me llamó la atención el título, así que empecé a buscarlo fuera de YouTube hasta encontrar un enlace que me llevó a una página bastante extraña.
Vi el video y, cuando terminó, sinceramente no sentí nada. Ni miedo, ni emoción, ni asco extremo. Solo pensé: “Ah… bueno”. Después de eso empecé a explorar un poco más la página y encontré comentarios de gente con opiniones bastante oscuras. Había personas que hablaban de deseos muy violentos o cosas perturbadoras.
Recuerdo haber pensado que esas personas probablemente llevaban una doble vida: normales en la vida real, pero desahogándose en ese tipo de foros.
Al final decidí crearme una cuenta, aunque en realidad no tenía intención de hacer amigos ahí. Me daba algo de miedo. Aun así, seguí viendo algunos videos de vez en cuando. No sabía si eso me hacía fan del gore o simplemente alguien curioso que lo veía por morbo.
Meses después encontré otro video titulado “Quiero agua”. Lo vi y luego me fui a los comentarios. Muchos eran crueles, burlándose de la situación. Entre todos, uno me llamó la atención porque decía algo como que la persona del video debería haber sufrido más.
Le respondí con un simple: “¿Eso es todo?”
Pensé que nunca respondería, pero tres días después lo hizo. Empezamos a discutir en los comentarios, una típica discusión de internet. Con el tiempo, la discusión terminó convirtiéndose en conversación, y terminamos llevándonos mejor de lo esperado.
Me pidió mi Discord para hablar por ahí. Dudé bastante antes de dárselo, pero al final acepté. Yo pensaba que sería un chico como yo, pero resultó ser una chica. Tenía 17 años.
Al principio nuestras conversaciones eran normales, aunque ella a veces era un poco intensa. Me contaba que tenía problemas familiares y que sufría ansiedad y depresión. No sabía muy bien cómo reaccionar a esas cosas, así que normalmente respondía con algo simple.
Pasaron unos tres meses. Una noche, cerca de Halloween, me escribió a las dos de la madrugada preguntando si quería ver una película con ella. Acepté, aunque no tenía muchas ganas.
Vimos un par de películas de terror, pero luego ella dijo que estaban aburridas y decidió poner videos de aquella página. Eran bastante fuertes. Sangre, accidentes, cosas así. Después de un rato ya no quise seguir viendo y me inventé una excusa para irme a dormir.
Aun así, desde entonces empezamos a hablar casi todas las noches. Muchas veces ella tenía episodios de ansiedad y yo me quedaba despierto acompañándola.
Con el tiempo nos volvimos bastante cercanos.
En Navidad ocurrió algo extraño. Me escribió diciendo que se había escapado de su casa porque no quería pasar la noche con su familia. Después de hablar bastante, volvió a casa y me agradeció por escucharla.
Ese mismo día me preguntó si algún día podríamos conocernos en persona.
La idea me dio miedo. Pensé en muchas posibilidades: que no fuera quien decía ser, que fuera alguien peligroso, cualquier cosa. Pero ya habíamos hablado muchas veces por llamada y su voz parecía auténtica.
Finalmente acepté.
Quedamos en una plaza. Cuando llegué estaba muy nervioso, pero la reconocí enseguida porque me había enviado una foto de dónde estaba. Era una chica normal: cabello negro, ojos marrones, estatura media. Nada fuera de lo común.
Ese día hablamos mucho. Todo parecía ir bien, hasta que en un momento me preguntó algo muy extraño:
—¿Alguna vez has querido matar a alguien?
Le respondí que no. Me parecía algo absurdo y que solo traería problemas.
Ella dijo que a veces sí lo había pensado.
Eso me dejó inquieto, pero aun así seguimos hablando. Cuando llegó el momento de despedirnos, me agradeció por todo el apoyo que le había dado durante esos meses. Se emocionó mucho.
En ese momento, impulsivamente, le confesé que me gustaba.
Ella no respondió al principio, pero de repente me besó.
Desde ese día empezamos a salir.
Los primeros meses fueron buenos. Pasábamos mucho tiempo juntos, salíamos, hablábamos. Pero el problema del gore seguía ahí. A ella le gustaba demasiado ese contenido.
Cada vez que intentaba hablar con ella sobre eso, terminábamos discutiendo.
Con el tiempo las discusiones se volvieron más fuertes. Incluso hubo momentos en los que me golpeó y luego se arrepentía. Después intentaba arreglar las cosas, y yo terminaba perdonándola.
Un día, después de una discusión, decidí terminar la relación. Pensé que era lo mejor para ambos.
Días después me envió fotos de ella lastimándose. Eso me asustó mucho. Fui corriendo a su casa y hablé con sus padres. Ellos estaban muy preocupados y finalmente decidieron llevarla a tratamiento psicológico.
Durante un tiempo parecía mejorar. Incluso volvió a visitarme y me pidió otra oportunidad. Yo acepté, aunque ya no estaba seguro.
Sin embargo, meses después tuvimos otra discusión muy fuerte en su casa. En medio de todo, ella tomó un cuchillo de la cocina y empezó a comportarse de forma muy extraña.
Yo estaba aterrorizado.
Logré salir de la casa y llamé a sus padres. Cuando llegaron, ella había perdido el conocimiento. Después de eso decidieron internarla para que recibiera ayuda profesional.
La última vez que hablé con sus padres estaban muy afectados por todo.
Desde entonces han pasado dos meses. No he ido a verla. Honestamente, me da miedo.
Yo también empecé a ir a terapia. Me ayudó bastante hablar de todo lo que pasó. También dejé completamente de ver ese tipo de contenido.
Ahora estoy mejor. He estado recuperando mis hábitos normales y pronto haré un viaje a Italia.
Supongo que solo quería contar mi experiencia. No sé si alguien lo leerá o si me creerán, pero necesitaba sacarlo de mi mente.
A veces las cosas simplemente pasan, y lo único que queda es seguir adelante.
Últimamente me he estado sintiendo culpable por algo que pasó, y mi psicólogo me dijo que antes de guardarme todo debía intentar desahogarme un poco. No me dijo que subiera mi historia a una página de gore ni nada parecido, pero aun así quería compartir lo que me ocurrió. No me importa demasiado si me creen o no.
Todo empezó hace unos dos años. En ese tiempo el gore no me llamaba la atención; al contrario, me parecía algo asqueroso. Siempre pensaba: “¿Quién en su sano juicio ve esto? ¿Acaso les gusta la sangre o algo así?”
Un día estaba tranquilo viendo videos en mi celular, principalmente memes y creadores de contenido jugando videojuegos. Entonces me apareció un video que se llamaba “No te duermas morena”. Me llamó la atención el título, así que empecé a buscarlo fuera de YouTube hasta encontrar un enlace que me llevó a una página bastante extraña.
Vi el video y, cuando terminó, sinceramente no sentí nada. Ni miedo, ni emoción, ni asco extremo. Solo pensé: “Ah… bueno”. Después de eso empecé a explorar un poco más la página y encontré comentarios de gente con opiniones bastante oscuras. Había personas que hablaban de deseos muy violentos o cosas perturbadoras.
Recuerdo haber pensado que esas personas probablemente llevaban una doble vida: normales en la vida real, pero desahogándose en ese tipo de foros.
Al final decidí crearme una cuenta, aunque en realidad no tenía intención de hacer amigos ahí. Me daba algo de miedo. Aun así, seguí viendo algunos videos de vez en cuando. No sabía si eso me hacía fan del gore o simplemente alguien curioso que lo veía por morbo.
Meses después encontré otro video titulado “Quiero agua”. Lo vi y luego me fui a los comentarios. Muchos eran crueles, burlándose de la situación. Entre todos, uno me llamó la atención porque decía algo como que la persona del video debería haber sufrido más.
Le respondí con un simple: “¿Eso es todo?”
Pensé que nunca respondería, pero tres días después lo hizo. Empezamos a discutir en los comentarios, una típica discusión de internet. Con el tiempo, la discusión terminó convirtiéndose en conversación, y terminamos llevándonos mejor de lo esperado.
Me pidió mi Discord para hablar por ahí. Dudé bastante antes de dárselo, pero al final acepté. Yo pensaba que sería un chico como yo, pero resultó ser una chica. Tenía 17 años.
Al principio nuestras conversaciones eran normales, aunque ella a veces era un poco intensa. Me contaba que tenía problemas familiares y que sufría ansiedad y depresión. No sabía muy bien cómo reaccionar a esas cosas, así que normalmente respondía con algo simple.
Pasaron unos tres meses. Una noche, cerca de Halloween, me escribió a las dos de la madrugada preguntando si quería ver una película con ella. Acepté, aunque no tenía muchas ganas.
Vimos un par de películas de terror, pero luego ella dijo que estaban aburridas y decidió poner videos de aquella página. Eran bastante fuertes. Sangre, accidentes, cosas así. Después de un rato ya no quise seguir viendo y me inventé una excusa para irme a dormir.
Aun así, desde entonces empezamos a hablar casi todas las noches. Muchas veces ella tenía episodios de ansiedad y yo me quedaba despierto acompañándola.
Con el tiempo nos volvimos bastante cercanos.
En Navidad ocurrió algo extraño. Me escribió diciendo que se había escapado de su casa porque no quería pasar la noche con su familia. Después de hablar bastante, volvió a casa y me agradeció por escucharla.
Ese mismo día me preguntó si algún día podríamos conocernos en persona.
La idea me dio miedo. Pensé en muchas posibilidades: que no fuera quien decía ser, que fuera alguien peligroso, cualquier cosa. Pero ya habíamos hablado muchas veces por llamada y su voz parecía auténtica.
Finalmente acepté.
Quedamos en una plaza. Cuando llegué estaba muy nervioso, pero la reconocí enseguida porque me había enviado una foto de dónde estaba. Era una chica normal: cabello negro, ojos marrones, estatura media. Nada fuera de lo común.
Ese día hablamos mucho. Todo parecía ir bien, hasta que en un momento me preguntó algo muy extraño:
—¿Alguna vez has querido matar a alguien?
Le respondí que no. Me parecía algo absurdo y que solo traería problemas.
Ella dijo que a veces sí lo había pensado.
Eso me dejó inquieto, pero aun así seguimos hablando. Cuando llegó el momento de despedirnos, me agradeció por todo el apoyo que le había dado durante esos meses. Se emocionó mucho.
En ese momento, impulsivamente, le confesé que me gustaba.
Ella no respondió al principio, pero de repente me besó.
Desde ese día empezamos a salir.
Los primeros meses fueron buenos. Pasábamos mucho tiempo juntos, salíamos, hablábamos. Pero el problema del gore seguía ahí. A ella le gustaba demasiado ese contenido.
Cada vez que intentaba hablar con ella sobre eso, terminábamos discutiendo.
Con el tiempo las discusiones se volvieron más fuertes. Incluso hubo momentos en los que me golpeó y luego se arrepentía. Después intentaba arreglar las cosas, y yo terminaba perdonándola.
Un día, después de una discusión, decidí terminar la relación. Pensé que era lo mejor para ambos.
Días después me envió fotos de ella lastimándose. Eso me asustó mucho. Fui corriendo a su casa y hablé con sus padres. Ellos estaban muy preocupados y finalmente decidieron llevarla a tratamiento psicológico.
Durante un tiempo parecía mejorar. Incluso volvió a visitarme y me pidió otra oportunidad. Yo acepté, aunque ya no estaba seguro.
Sin embargo, meses después tuvimos otra discusión muy fuerte en su casa. En medio de todo, ella tomó un cuchillo de la cocina y empezó a comportarse de forma muy extraña.
Yo estaba aterrorizado.
Logré salir de la casa y llamé a sus padres. Cuando llegaron, ella había perdido el conocimiento. Después de eso decidieron internarla para que recibiera ayuda profesional.
La última vez que hablé con sus padres estaban muy afectados por todo.
Desde entonces han pasado dos meses. No he ido a verla. Honestamente, me da miedo.
Yo también empecé a ir a terapia. Me ayudó bastante hablar de todo lo que pasó. También dejé completamente de ver ese tipo de contenido.
Ahora estoy mejor. He estado recuperando mis hábitos normales y pronto haré un viaje a Italia.
Supongo que solo quería contar mi experiencia. No sé si alguien lo leerá o si me creerán, pero necesitaba sacarlo de mi mente.
A veces las cosas simplemente pasan, y lo único que queda es seguir adelante.